Si sueles pasear observando la naturaleza y la biodiversidad que nos rodea en la Ría y sus alrededores, es muy probable que alguna vez hayas tenido frente a ti a la araña cangrejo de las flores (Misumena vatia) sin siquiera darte cuenta.
Este pequeño arácnido de la familia Thomisidae es uno de los depredadores más fascinantes de nuestros campos. No teje telarañas para atrapar a sus presas; en su lugar, confía en un superpoder evolutivo: un camuflaje casi perfecto.
A continuación, exploraremos la morfología, las asombrosas capacidades de cambio de color y las costumbres de este pequeño habitante de nuestra flora.
Morfología: ¿Por qué se llama «araña cangrejo»?
El nombre común de esta araña no es ninguna casualidad. Su aspecto y sus movimientos recuerdan inevitablemente a los de un cangrejo real.
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Pares de patas desiguales: Sus dos primeros pares de patas son notablemente más largos y robustos que los traseros. Las mantiene abiertas y extendidas hacia los lados, listas para abrazar a cualquier presa que se acerque demasiado.
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Movimiento lateral: Al igual que los crustáceos, la Misumena vatia tiene la capacidad de caminar hacia los lados y hacia atrás con gran agilidad.
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Dimorfismo sexual extremo: Existe una diferencia abismal entre sexos. Las hembras son grandes y robustas, alcanzando hasta 10 mm de longitud corporal (sin contar las patas). Los machos, por el contrario, son diminutos, apenas miden entre 3 y 4 mm, y suelen tener un abdomen más delgado con franjas oscuras.
El arte del camuflaje: Un cambio de color activo
La característica más espectacular de la Misumena vatia hembra es su cromatismo reversible. Es capaz de cambiar el color de su cuerpo para mimetizarse exactamente con la flor sobre la que está posada, haciéndose invisible tanto para sus presas como para los pájaros que podrían devorarla.
¿Cómo cambia de color?
No es un cambio instantáneo como el de un pulpo, sino un proceso biológico que lleva su tiempo:
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De blanco a amarillo: Cuando una araña blanca se traslada a una flor amarilla (como un diente de león o una vara de oro), su cuerpo comienza a secretar un pigmento líquido amarillo en la capa exterior de sus células. Este proceso de síntesis puede tardar entre 10 y 25 días.
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De amarillo a blanco: Si vuelve a una flor blanca (como una margarita o una zarzamora), la araña reabsorbe esos pigmentos amarillos y los transporta a las capas inferiores de su cuerpo, o los excreta. Este proceso inverso es mucho más rápido y suele completarse en unos 6 días.
Algunas hembras también presentan manchas rojas o rosadas en los laterales del abdomen, lo que les ayuda a camuflarse en flores con esos tonos.
Costumbres y alimentación: Depredadores de emboscada
La araña cangrejo de las flores es una cazadora al acecho. Pasa la mayor parte de su vida adulta sentada inmóvil sobre los pétalos de las flores, con las patas delanteras abiertas, esperando pacientemente a que la comida vuele hacia ella.
¿Qué come? Su dieta se basa íntegramente en insectos polinizadores. A pesar de su pequeño tamaño, su potente veneno (inofensivo para los humanos) le permite paralizar presas mucho más grandes que ella. Entre sus presas más habituales se encuentran:
- Abejas.
- Moscas.
- Sírfidos.
- Mariposas.
- Escarabajos pequeños.
- Avispas.
Cuando el insecto aterriza en la flor para recolectar néctar, la araña cierra sus fuertes patas delanteras sobre él y le inyecta el veneno justo detrás de la cabeza, inmovilizándolo al instante.
Un tesoro de la biodiversidad local
Para los apasionados de la fotografía de naturaleza y la fauna salvaje, encontrar a la Misumena vatia en los prados que rodean la ría es siempre un pequeño triunfo. Fotografiar cómo se mimetizan con las zarzas, las margaritas o los toxos requiere buen ojo y mucha paciencia.
La próxima vez que te detengas a observar de cerca una flor en tus rutas fotográficas, presta atención a los pétalos. Es posible que ese pequeño bultito amarillo o blanco no sea parte de la planta, sino uno de los depredadores más sofisticados de nuestros campos esperando su momento.




