La noche del 23 al 24 de junio es, sin duda, la más mágica del calendario gallego. Asociada y sustituyendo a la celebración del solsticio de verano, la Noche de San Juan mezcla el fuego de las hogueras con el poder purificador del agua y la tierra. En este contexto, la recolección de las herbas de San Xoán y la preparación del tradicional «cacho» se convierten en un ritual ancestral para espantar a los malos espíritus y proteger la salud.
Si hay un lugar donde esta conexión con la naturaleza cobra un sentido especial, es en los paisajes costeros y ya pocos bosques de frondosas que rodean la Ría de Noia y Muros. Acompáñanos a descubrir el origen de esta tradición y cómo preparar tu propio cacho con la flora de nuestro entorno.
El Origen Pagano de la Noche de San Juan
Aunque hoy lleva el nombre de un santo cristiano, la celebración de San Juan hunde sus raíces profundamente en el paganismo y en los antiguos cultos celtas y castreños al solsticio de verano.
Para nuestros antepasados, el día más largo del año marcaba el triunfo de la luz sobre la oscuridad. Sin embargo, a partir de esa fecha, los días comenzaban a acortarse. Se encendían grandes hogueras para «darle fuerza al sol» y evitar que se apagara, mientras que el rocío de esa madrugada (orballo) se consideraba bendito. La creencia dictaba que durante esa «noite meiga», las puertas entre el mundo de los vivos y el del más allá se abrían, por lo que era necesario protegerse de meigas, trasnos e diaños.
¿Cuáles son las 7 Herbas de San Xoán?
La tradición oral gallega establece que deben recogerse siete plantas mágicas durante la víspera de San Juan, idealmente al atardecer. Aunque las especies exactas pueden variar de una zona a otra, estas son las más representativas que podemos encontrar explorando los senderos, riberas y montes cercanos a la Ría:
Aunque la composición exacta del ramo puede variar dependiendo de la aldea o de la familia, la tradición dicta que se deben buscar, al menos, siete especies clave. En nuestros montes y senderos, estas son las plantas que no te pueden faltar:
1. Fiuncho (Hinojo – Foeniculum vulgare)
Es una planta fundamental en cualquier ramo. Su inconfundible aroma anisado no solo es excelente para aliviar el sistema digestivo, sino que la creencia popular le otorga el poder de espantar los malos espíritus y proteger de forma directa contra el mal de ojo.
2. Fento Macho (Helecho macho – Dryopteris filix-mas)
El helecho aporta el toque de misterio a la noche. Las leyendas gallegas aseguran que esta planta, que botánicamente no produce flores, florece de forma mágica justo a la medianoche de San Juan. Tradicionalmente era un remedio antiparasitario en el rural.
3. Herba de San Xoán o Abeloura (Hipérico – Hypericum perforatum)
La gran protagonista que da nombre a la festividad. Destaca por sus pequeñas flores de un amarillo intenso y sus propiedades cicatrizantes, antisépticas y antidepresivas. Durante la Edad Media se colgaba en las puertas de las casas para bloquear la entrada a las malas energías.
4. Codeso o Xesta (Adenocarpus complicatus / Cytisus scoparius)
Estos arbustos sagrados, que tiñen de amarillo nuestros montes en primavera, se utilizaban antiguamente para fabricar escobas. En la noche de San Juan, su función simbólica era literalmente «barrer» los males fuera del hogar.
5. Malva (Malva sylvestris)
Con sus características flores de tonos rosados y violáceos, la malva es la gran sanadora. El refrán gallego lo deja claro: «Cun horto e un malvar hai menciñas para un fogar». Es calmante y muy útil para tratar afecciones respiratorias y de la piel.
6. Romeu (Romero – Salvia rosmarinus)
El protector por excelencia. Aunque es más abundante en zonas secas, su presencia en jardines y huertos lo hace accesible. Sus propiedades estimulantes y su fuerte fragancia lo convierten en un potente purificador.
7. Herba Luísa (Hierbaluisa – Aloysia citriodora)
Pese a ser de origen americano, se adaptó y se fundió a la perfección con la cultura gallega. Aporta un olor cítrico inconfundible al agua y la tradición popular afirma que protege el corazón frente a los engaños amorosos.
El toque de nuestra ría: En las zonas costeras de Muros y Noia, es habitual incorporar flora autóctona adaptada al clima marítimo. hay quienes añaden ruda y estraloque (digital) o incluso recogen las hierbas bordeando las marismas, donde el ecosistema único de la ría impregna las plantas de la salinidad y la brisa atlántica.
El Ritual del «Cacho»: Agua, Plantas y Purificación
Recoger las hierbas es solo la primera parte del hechizo. El elemento central de la noche mágica es «facer o cacho».
Cómo preparar el cacho paso a paso:
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La recolección: Durante la tarde del 23 de junio, sal al monte o a los caminos cercanos a recoger tu ramo de siete hierbas.
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El agua (a ser posible, de 7 fuentes): Llena un cuenco o caldero con agua. Los más puristas aseguran que debe recogerse de siete fuentes diferentes para que el efecto sea máximo.
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Al sereno: Sumerge las hierbas en el agua y deja el recipiente a la intemperie (en el balcón, jardín o en la ventana) durante toda la noche. Esto permite que el agua absorba las propiedades medicinales de las plantas y se bendiga con el rocío (orballo) de la noche del solsticio.
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El lavado purificador: La mañana del 24 de junio, al levantarte, lávate la cara con esa agua perfumada de color verdoso.
Al lavarte la cara, no solo previenes problemas de piel y envidias, sino que renuevas tu energía y te proteges de las meigas para el resto del año. Tras el lavado, la tradición dicta que las hierbas deben secarse al sol durante varios días y guardarse para quemarlas en la hoguera de San Juan del año siguiente.
Celebrando y Conservando nuestro Entorno
Más allá de la magia, la tradición de las herbas de San Xoán es una excusa perfecta para reconectar con el patrimonio natural que tenemos en la ría. Salir a identificar el fiúncho, el helecho o la xesta por los alrededores de las aldeas, los castros locales o los bosques, cada vez menos y mas deteriorados, que rodean la ría nos ayudará a valorar y respetar nuestra biodiversidad.
Este 23 de junio, antes de saltar la hoguera, anímate a pasear por nuestros caminos, respira el aroma de las plantas y prepara tu propio cacho. Porque como sabemos por aquí: «Eu non creo nas meigas… mais habelas, hainas».
Buenas prácticas para la recogida
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Corta, no arranques: Utiliza unas pequeñas tijeras para cortar solo los tallos que vayas a utilizar. Así garantizas que la planta siga su ciclo y proteges la flora local.
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Ante la duda, respeta: Si no estás completamente seguro de la identificación de una especie, es mejor dejarla en su lugar.
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Zonas limpias: Evita recoger las plantas en los bordes de carreteras transitadas para que tu cacho esté libre de la contaminación de los vehículos.










